Llamadas perdidas.

El celular vibraba apacible en su bolso, estaba en silencio por lo que ella no podía escucharlo entretenida como estaba comprando telas para su nuevo proyecto, vibro una y otra vez mientras ella caminaba por la tienda en completa ignorancia de lo que pasaba al otro lado del mundo. Pero los dados estaban echados y el contestar la llamada no habría cambiado nada, el destino no espera a nadie ni cambia su curso. Él le había dado todo lo que ella necesitaba, en un abrazo su comprensión, con una mirada su apoyo, con sus palabras confianza, ella vivía para acariciar su espalda, se alimentaba de sus palabras y se hacía fuerte cuando él la miraba.
Lo había conocido en el momento justo, cuando perdía toda esperanza y dejaba de creer en el amor, fue en una cena con sus amigas en el restaurante que exponía sus diseños. Lo vio de lejos, rondando los maniquis con los vestidos que ella había hecho para la fiesta de inauguración de su nueva marca de moda. El restaurante donde se encontraban había sido anfitrión del evento hacía menos de una semana, por lo que las prendas seguían ahí esperando ser removidas, con suerte sería antes de que alguna recibiera una mancha de comida, después de todo se trataba de un restaurante y todo ahí esta expuesto a salpicarse, de salsa, por ejemplo.
Intercambio comentarios con sus amigas, lo evaluaron las tres juntas, pensó en una frase para acercarsele, dio un trago a su margarita y fue hacía él, con algo de miedo, después de todo siempre cabe la posibilidad de que un hombre que ve vestidos tan atentamente resulte ser gay. Pero no lo era, tampoco veía los vestidos, eran las pequeñas placas explicando el diseño lo que analizaba a detalle, ya que el era diseñador gráfico se percataba de detalles como la estilografía, el logotipo de la marca, el peculiar material e incluso los contrastes en la placa con la explicación. La invito a beber un trago, ella lo invito a su mesa, cenaron, bebieron, cambiaron números.
Se toparon como por accidente en varios eventos, descubrieron que llevaban varios años moviéndose en los mismos círculos, que conocían a las mismas personas pero nunca se habían conocido entre sí, no era el momento justo, hasta entonces no lo había sido. En uno de esos eventos se encontraron al salir, ambos estaban hambrientos, los canapés no llenan el estomago y los cockteles solo dan más hambre, él le propuso llevarla a cenar a un lugar cercano con buena comida, ella accedió sin dudarlo, hasta que vio que la llevaría en moto. Dudo escrupulosamente, pero al ver su sonrisa no había cosa alguna que pudiera negarle. Tras esa ocasión se volvieron inseparables, si veías a uno, el otro debía estar cerca, cuando no estaba de su mano. Así pasaron meses, de felicidad, de calma, ambos hablaban de su futuro, compartían sus sueños, ella quería que sus diseños llegaran a las masas, él que su trabajo fuera reconocido, querían mudarse a la capital, hablaban de vivir juntos.
Él por aquel entonces concursaba para hacer la campaña de una multinacional, había llegado a finalista, hinchado de felicidad, la siguiente etapa sería en Bruselas. Hablaron de viajar juntos, pero ella también tenía compromisos en esas fechas, así que viajo solo, no sería demasiado tiempo, estar separados por un mes no era tanto.
Las días pasaron, y aunque había días largos en que se extrañaban hasta los defectos, el tiempo, que transcurre inalterable, pronto hizo llegar el día de la premiación. Perdió el concurso sin perder la compostura, era lo suficiente realista como para reconocer que se enfrentaba a competidores talentosos con más experiencia. Tras el evento quedo con sus compañeros para ir por unas cañas, dijo que los alcanzaría en el bar, condujo hacía ahí pensando en el concurso, en toda aquella experiencia. Ofuscado en sus pensamientos como estaba paso de largo un letrero de alto y una camioneta lo embisto.
Los paramédicos llegaron pronto, lo subieron a la ambulancia, mientras algunos hacían lo posible por socorrerlo, un joven paramédico asignado a la tarea de avisar a sus familiares tomó su celular y marco al último número registrado. Marco una y otra vez, al otro lado del mundo, ella compraba telas mientras el celular vibraba apacible en su bolso.
Él murió antes de que ella pudiera atender la llamada.

Romina Colli.

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