El callejón de la daga.

Lo que aprendemos de los cuentos es que nadie nace siendo malo, la vida se te va acomodando, el mundo se va haciendo origami, hasta que un día despiertas en un callejón, te encuentras de frente a un espejo que te muestra un corazón podrido y todo indica que no hay otra salida. Ese día, que parecía haber llegado tan de pronto, no era más que la suma de esos momentos, en los que el mundo te fue pudriendo de a poco, una mentira de tu mejor amigo, un secreto guardado con tanto empeño, una traición furtiva, un engaño de quien nunca creerías, todo con un resultado que a nadie hace más daño que a ti. No hay salvación si se llevan los demonios dentro, no hay escape si intentas huir de ti, y estas solo cayendo al abismo, pero no es la muerte, es un callejón ¿sin salida? Te detienes frente al espejo sin ver más que podredumbre, ves hacía todos lados sin encontrar más que soledad, ¿sigues el callejón? Es que es más fácil. Al final se vislumbra una daga, casi ves escrito los nombres, casi gritas pero te has cubierto la cara, casi huyes pero no sabes a donde. Los nombres escapan de la daga y cubren las paredes, invitándote a seguir por el callejon. Si tu mundo se acomoda, si todo en el pide venganza, ¿qué haces?

–  Romina Colli

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