No es una queja, es una declaración.

Soy de las que cuando viaja como comida rápida, se hospeda en hostales de baja monta y va a pie hacía todas partes aunque implique acabar con los pies destrozados. Yo viajo con la mochila a cuestas. Pero lo importante para mi es esto: yo viajo. Como en locales de comida rápida o de algún puesto del mercado de la ciudad porque no tengo dinero para un restaurante que por barato que sea nunca sale tan barato, me hospedo en hostales por gastar lo menos y ando con mochila por no pagar equipaje en los vuelos. Lo siento mundo, no tengo mucho dinero. Me encuentro entre la basta muchedumbre que no es pobre-pobre pero tampoco alcanza a ser rica. Soy de los que vive con modestia, ahorrando para ir de viaje, no frecuento restaurantes, solo salgo a lugares baratos, y voy con presupuesto reducido.
Porque no necesitas de mucho para poder vivir a gusto pero si me pides que te recomiendo un lugar para cenar en Madrid no podría. Te diría que una cena en casa puede ser de lo más romántica si es con la persona adecuada, pero jamás podría decirte un restaurante. Así que puedo decirles que pasear por el rastro un domingo es de lo más entretenido, que retiro en primavera es lindo, que puedo entrar a las tiendas Natura y enamorarme de todo lo que veo ahí. Pero casi nunca compro nada. Es que no tengo dinero para eso.
No importa. Veo a tanta gente en la calle, desempleados buscando trabajo, vagabundos pidiendo dinero, que al final me veo a mi misma y todo lo que dije antes no me importa. Porque estoy viva, estoy saludable, descontando mis achaques de siempre, porque aunque no pueda comer en restaurantes seguido ni ir de antro cada fin de semana, porque eso arruinaría mi bastante endeble economía, yo estoy bien. Eso es lo que importa. No puedo vivir la vida de otros, no debo compararme con ellos pues al hacerlo siempre encontraras a personas mejor que tu y a aquellos que estan peor que tu. Así que debes dejar de compararte y dar las gracias por lo que tienes, más importante aún, por quien eres. Pues cada carencía y cada copiosidad, por muchas o pocas que sean te fueron puliendo el alma, y aunque fueran más carencias pueden llegar a servir para cimentar la vida que quieres llegar a tener.

– Romina Colli.

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