Recuerdos viejos guardados en el ático.

Cada día me doy cuenta que soy más como tu, más de lo que me gustaría, más de lo que hubiera pensado. Sí, yo recuerdo como me protegías, que estabas ahí tras cada caída, que estabas conmigo en cada error y en cada acierto. Yo recuerdo cuando eras mi mundo entero, no había nadie más grande, nadie más sabio, nadie mejor.
Cómo la vez que, al llevarme sobre los hombros, intente alcanzar una mariposa y casi caigo, casi, pero caíste tu. Cómo cuando crecí no me dejabas salir sola para que no me hiciera daño, es que conocías mi torpeza mejor que yo, y cuando salí sin permiso acabe con un diente roto.
También recuerdo cada vez que te decepcione, que te contesté algún improperio y cada vez que te falle. Aquella vez que me avergoncé de ti, porque era muy mayor para que fueras por mi al salir del cine. O cuando no te invite a la obra de teatro para la que me ayudaste a encontrar un disfraz.
Recuerdo incluso aquella única vez que te vi llorar, y di la vuelta. Y recuerdo el día que vi tus cosas en una bolsa, fuera de la casa y entendí que te ibas.

– Romina Colli.

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