Carta con destinatario en blanco.

No estas. O mejor sería decir que no estoy, al fin y al cabo soy yo la que se ha ido. Lejos de ti, muy lejos, como a un océano de distancia, miles de kilómetros y aún más recuerdos. Ni yo hubiese creído todo lo que te extraño. Si, hasta pensé en olvidar tu nombre, como si no fuera ya tan parte del mio. Trate de olvidar tu rostro, pero siempre me veía desde el espejo.

Verás, lo que ocurre es que mi piel esta llena de cicatrices que llevan tu nombre, es que los recuerdos tuyos me hacen llorar, es que no puedo ni imaginarme sentarme a tu mesa sin pelear. Es que rebatías mi andar, mis pasos torcidos, mi pelo revuelto, mis sumas, mis restas y hasta mis muletillas.

Te falto decirme que no era tan mala, aunque nunca era tan buena para ti. Te falto abrazarme más seguido, almorzar conmigo y estar por las noches para ahuyentar a mis monstruos. Monstruos que en tu ausencia crecieron hasta convertirme en esto que soy ahora.

– Romina Colli

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