Paginas cubiertas de nieve. Parte 5.

Parte 1.

Parte 2. 

Parte 3.

Parte 4.

libro

Trataba de verla siempre que podía, aunque ella era más precavida en cuanto a sus escapes de la unidad habitacional, lograba verla una o dos veces por semana. En cada encuentro le contaba nuevas cosas del mundo fuera de la unidad habitacional donde vivía. Jamás había visto el sol, ni las nubes, ni la luna, no podía más que imaginar como era el mar, o la inmensidad de una montaña. Solía llevarle fotos de todo aquello que no conocía, algunas cosas las reconocía de sus libros, otras le parecían completamente extrañas, por lo que intuí que sus libros eran muy viejos.

Cuando le conté de los autos que flotan por levitación magnética utilizando bólidos de nitrógeno líquido le parecieron extraños, solo conoce aquellos vejestorios usados hace siglos, que tenían ruedas y usaban gasolina de diesel. Como los tienen aislados del mundo no comprende lo que es el intenet, no sabe de los edificios de cuarenta pisos bajo el suelo, y otros ochenta sobre de el.

La idea de sacarla de ahí no se me ocurrió hasta la cuarta vez que la vi, no es que antes pensará dejarla ahí para siempre, sino que simplemente no había pensado en ello. Absorta como estaba en la idea de haber conocido a alguien con una singularidad que creía mítica, extinta quizá, no pensé en que hacer con ella hasta que la idea me pego un trancazo en la cabeza, ¿cómo la iba a sacar de ahí? Porque era obvio que no podía dejarla ahí encerrada tras haberla visto, tenía que ayudarla.

Estuve rumiando la idea por varias semanas, hasta que Dan empezó a sospechar que pasaba algo extraño, no tenía ni idea de cuánto. Hasta ese momento, Steff era mi secreto, solo los que la tenían encerrada y yo sabíamos de su existencia, según creía. Un día, en que me encontré con Steff en el pasillo de siempre, por no medir el tiempo se nos hizo tarde, nunca lo media para ser honesta, era Steff siempre la que me decía que ya debía marcharse. Al llegar a mi departamento encontré a Dan esperando con cara de enojado, podía ver su boca torcida bajo su densa barba.

  • Hola Dan. – Lo saludé, recordando todo lo que podría haberlo hecho enojar, hasta dar con ello, ya eran varias ocasiones que llegaba tarde.
  • – Me dijo secamente mientras endulzaba su café.
  • Estos días ando muerta de cansancio, he tenido demasiado trabajo en el laboratorio, solo quiero dormir ¿A ti cómo te va? – Traté de excusarme con esa frase, intentando evitar discusiones en vano.
  • ¿Mucho trabajo? ¡No te he visto ni siquiera cruzar por mi oficina en toda la semana! Pase antes al área de pruebas, donde tu estas, ¿y sabes que me han dicho tus compañeros? ¡qué has salido justo a tu hora! Tan pronto han dado las cinco de la tarde, has salido de ahí ¡tu siempre te ibas después! ¿y sabes que más? Dicen que desde hace unos meses siempre sales antes ¿cómo no me di cuenta?
  • ¿Darte cuenta de que Dan?
  • No me vengas con eso, es obvio ¡ves a alguien más!

Era cierto, que le podía decir, así era, soy la peor mentirosa del mundo, más con él que me conoce tan bien, pensé en inventarle que tenía que ir a comprar algo, y al pensarlo mi boca se movía.

  • Tenía que pasar al super, no tenemos comida para pequeño Joe – Al menos era cierto que no teníamos comida para el gato.
  • ¿Y dónde está la comida que has comprado?
  • No había de la que come Joe. – Bueno, ya lo dije, una terrible mentirosa.
  • Marya – contesto usando un tono de voz mas calmado y haciendo un ademan por sujetar mi hombro, sin llegar a el – dímelo, hace semanas que te noto rara, te he preguntado y me dices que es cansancio, ahora ya sé que pasa, solo quiero que me lo digas tú.

Ahí, justo ahí, me derrumbe y se lo dije, le conté todo sobre Steff. Confiaba en Dan, no veía porque seguírselo ocultando. Claro, el no creyó ni una palabra. Dijo que me lo había inventado, que no podía ser cierto. Así que le pedí que me acompañara la siguiente vez que viera a Steff.

Habíamos acordado vernos el martes siguiente, en el mismo pasillo, a las 5:15 pm. Vi a Dan en su oficina, de la que salió a regañadientes pues aún tenía trabajo, llegamos al pasillo a esperar que Steff apareciera, pasaban los minutos y ella no aparecía, dieron las 6 de la tarde, sin que hubiera dado la menor señal. Pensé que quizá se había espantado por haber visto a Dan, pero no podía haberlo visto sin siquiera acercarse al pasillo. Dan declaro que mentía, era lógico que no me creyera, ni yo misma lo habría creído de no haber visto a Steff, por lo que Dan paso aquellos días hablándome solo cuando era muy necesario. ¿Yo? Después de lo sucedido solo pensaba en Steff, Dan estaba molesto, lo entendía, pero Steff no se había presentado, nunca había llegado más de diez minutos después de la hora acordada, ¿si la última vez que regreso más tarde de lo habitual le ocasiono problemas? ¿si la habían descubierto vagando por los pasillos? Cada día después de ese fui al pasillo, aun pensando que si la habían descubierto saliéndose a hurtadillas podrían haber reforzado la seguridad, que podrían arrestarme, o hacerme sabrán ellos que.

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