El collar.

Podía escuchar la canción de Tainted Love sonando de fondo, en la vieja estación de policía del distrito BC, el ambiente se relajaba después de las 20 horas, cuando los agentes salían a hacer sus rondas por la ciudad.

La canción sonaba en un estilo de jazz que no tenía nada que ver con el que uso originalmente The Cure al grabarla, este detalle hacía que la canción fuera aún más apropiada para el momento. Larry se encontraba sentado en su cubículo llenando reportes, o al menos fingía que lo hacía, mientras jugaba un nuevo juego desde internet, algo como el viejo Pacman, solo que en esta nueva versión, los fantasmitas eran otros usuarios en la red, y el también podía comerlos a ellos.

Un ruido metálico lo distrajo justo el tiempo suficiente para perder el juego. Lanzó una maldición por lo bajo, él no solía quedarse por la noche, tenía la costumbre de regresar a casa justo a las 17 horas, se decía que el trabajo, especialmente uno como el suyo, podía volver loco a cualquiera. Pero ese día no era ordinario y no había tenido más opción que quedarse.

En los casi veinte meses que llevaba como agente policial nunca había visto algo tan brutal como lo de aquella madrugada. Lo habían citado en el lujoso hotel Fairmount casi a las cuatro de la mañana para analizar la escena, habían encontrado un cadáver en una de sus suites.

No recordaba bien como había llegado, ni porque se sentía tan exhausto, aunque quizá era el no haber dormido suficiente, estaba aún algo aturdido cuando entró a la habitación, casi cae en estado de shock, es cierto, que los entrenan para situaciones así en la academia, pero una cosa es ver a maniquís rodeados de pintura o fotos de escenas de crímenes y otra muy distinta es ver un cuerpo, como aquel.

No era la disposición del cuerpo ni sus heridas lo que lo hacían tan terrible, ni siquiera era la cantidad de sangre en el colchón. Se trataba de una mujer de casi 30, de piel clara y ojos oscuros, su cabello era negro de bote, se notaba en las raíces castañas, llevaba un vestido a rayas. Era la familiaridad de su rostro, lo que lo aturdía, tanto que sin fijarse se apoyo en la mesilla. Y al ver el collar, de cisne, Swarovski de imitación, en su cuello abierto y cubierto de sangre perdió el equilibrio, dejando sus huellas por todas partes.

Como castigo ahora hacía el papeleo, esperaban que su intrusión en la escena del crimen no afectara demasiado. La imagen se colaba a su mente sin previo aviso desde entonces.

Casi a las 22 pensó en ir por un bocadillo a la tienda de cerca, decidió que caminar le vendría bien tras un día tan largo. Al llegar a la tienda fue directo a la zona de papas fritas, tomo unas Barcel Toreadas, se dirigió a la zona de bebidas por un refresco, y, tras pensarlo unos minutos tomo una cerveza ¿por qué no? se dijo a si mismo que podía beberla fuera de la tienda y luego regresar a la estación de policía. Mientras esperaba en la fila la vio entrando, con un vestido a rayas, las raíces de cabello castañas y el collar de cisne. Ella se acerco a la barra, pidió una cajetilla de Lucky Strike y le sonrió.

Un flash de sus manos cubiertas de sangre le vino de pronto a la mente.

Swarovski, collar, cisne

Sin sentidos de una curiosa.

Más veces de las que puedo recordar he pensado en matarme. He coqueteado con la idea de volarme los sesos, si tan solo tuviera un arma quizá ya lo hubiera hecho. En mi mente justo al tirar del gatillo salgo de mi cuerpo para ver el trazado irregular que deja mi sangre en las paredes, me veo cayendo de lado al piso, veo mi mano soltar el arma.
No es que desee la muerte, es mas por curiosidad, por ver que pasa, por abandonar este cuerpo mio que tanto odio. Es la falta de esperanza, el desanimo, este sin sentido que es mi vida, un querer ser todo sin ser nada.
A veces quisiera estar muerta, pero quizá solo estoy aburrida. Aburrida de ir en contra de la inercia, de una vida llena de nada, aburrida de esperar que algo pase y lo único que pasa son los días que se convierten en meses, en años que solo traen mas sin sentidos.

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El reencuentro.

Por favor, déjame a solas con ellos. Se que son demonios pero son mis demonios, los únicos que siempre han estado ahí. Incluso cuando no los veía, se que estaban ocultos en alguna parte, observando mis pasos. Vete en silencio, no quiero que los asustes, quiero acariciarlos, charlar con ellos, recordar viejos tiempos en que corría de ellos, descalza, entre llamas.

Deseo hacer las paces, estrechar sus manos, decirles que si, los he extrañado un poco, que muchas veces sueño con ellos. Incluso recuerdo sus gestos, después de tanto tiempo.

Insisto, por favor, cierra la puerta ya, no la abras. No importa lo que escuches, incluso si te grito que la abras, ignora mis suplicas, mi llanto, mejor aléjate, tanto como puedas, vete de la casa, no regreses hasta el amanecer.

Tengo que estar con ellos a solas, y si no me vuelves a ver, recuerdame como aquella tarde en la feria, sobre la rueda de la fortuna, con la ciudad a nuestros pies, riendo.

los demonios