Un recuerdo.

Uno nunca puede saber si su dolor es más o menos  intenso que el de otra persona, por muy empáticos que seamos no podemos nunca sentir lo que el otro siente.  Lo más que podemos hacer es asemejar su dolor al nuestro.

Estoy segura de no  haber sufrido  tanto como otros, solo lo he hecho a mi manera. Y vaya que lo he hecho.  Quizá por esa manía mía de sentir demasiado, de sentir muy intensamente, de exagerarlo todo.

Un millón de veces me he imaginado viviendo otra vida, no una demasiado especial, tampoco es que mi vida  actual sea tan mala, simplemente me gustaría una vida más ligera, más alegre, más despreocupada.

Pasan los días, sin sentido como tantos otros, llegan las noches y con ellas sus manos, que acarician con suavidad mis mejillas, tratando de secar alguna lagrima que ha brotado por falta de fuerzas.

Porque en la noche mi guardia baja, permitiendo que se asome, sin querer, un fragmento de algún recuerdo tirado al calor de las llamas. Ante él mi cuerpo se estremece, sollozo en silencio y aprieto mis parpados, para no verlo, porque si esta, puede que se vaya, y a mi me basta saber que está aunque no pueda verlo.

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3 comentarios sobre “Un recuerdo.

  1. Justo yo pensaba en eso estos días hay épocas en que a uno la mente le juega tretas malditas y le hace recordar instantes que descontrolan, y aunque la gente diga que siente nuestro dolor nunca lo entenderá, solo nosotros sabemos lo que se siente. Extraordinario texto.

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