Casa rota.

Hay una casa cerca del mar que cae a pedazos, uno no podría notarlo si solo pasa frente a ella, la cosa es que al entrar está deshecha.

El tapiz de los muebles se ha raspado, la pintura en las paredes se ha desgastado, hace tiempo que al baño no le sirve el excusado, y al piso le faltan mosaicos.

Podría culpar al tiempo, diría que fue el paso de los años el causante de los estragos, todo sería falso.

La casa siempre estuvo rota, siempre le fallaba algo que no se reparaba nunca.

La casa rota rompió a sus habitantes, los habitantes rompieron la casa, y lo mismo en sentido contrario.

Los habitantes se van llevando la casa consigo, la casa rota dejo rotas su almas para hacerse cabida.

Hay una casa rota cerca del mar que los vio crecer, hay almas rotas que anhelan regresar, hay una esperanza inútil de reparar la casa rota, y un miedo inclemente de que sea irreparable.

Casa Rota

 

 

 

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El smog.

El smog inunda la ciudad como un castigo a los excesos. Demasiados autos, demasiada gente yendo con demasiada prisa hacia edificios demasiado altos por avenidas con demasiados niveles. Es bien sabido que esta es una ciudad gris, con corazón de cemento, y huesos de hormigón, aún así hay días en que se supera a si misma.

El smog llego hace dos días, los noticieros anunciaban que desde hace catorce años no había tanta contaminación en el aire. Desde hace catorce años no estábamos tan mal. Prohibieron el transito de ciertos coches, ofrecieron transporte gratis, pero no había manera de impedir que el smog entrara en nosotros, y profanara nuestras almas.

Inhalo, smog, exhalo, vida.

El smog quizá se vaya mañana, o tarde en irse una semana, se irá, eso seguro, y cuando lo haga no pensaremos en él, actuaremos como siempre, nos llenaremos de vida, otra vez, nos llenaremos de demasía, de excesos, olvidaremos que estuvo aquí, sin que el olvido borre los daños, y cuando regrese traerá consigo la culpa.

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Heridas.

Te dije que tenía un pasado, pero nunca te hable de él. Jamás te conté de las veces que me desperté, a mitad de la noche, ahogándome en llanto. Nunca mencione que, en mis días malos, digo otros nombres como un viejo rezo. Y que evité como pude no gritar cuando algún recuerdo acechó en mi memoria, con sabor tan a pasado, tan a tantas cosas.

Viví un presente tan lleno de pasado que a veces sin darme cuenta, aparecías sentado en un recuerdo de hace ya muchos años. Viví un pasado tan lleno de presente que me senté a ver pasar todas las cosas pasadas.

Te dije que tenía un pasado, pero nunca pude decirte todo lo que dolía. Es que hay demonios que son solo míos, aunque nunca haya aprendido a domarlos. Hay heridas que no se comparten ni sanan, y yo me he resignado a tenerlas abiertas.

Un recuerdo.

Uno nunca puede saber si su dolor es más o menos  intenso que el de otra persona, por muy empáticos que seamos no podemos nunca sentir lo que el otro siente.  Lo más que podemos hacer es asemejar su dolor al nuestro.

Estoy segura de no  haber sufrido  tanto como otros, solo lo he hecho a mi manera. Y vaya que lo he hecho.  Quizá por esa manía mía de sentir demasiado, de sentir muy intensamente, de exagerarlo todo.

Un millón de veces me he imaginado viviendo otra vida, no una demasiado especial, tampoco es que mi vida  actual sea tan mala, simplemente me gustaría una vida más ligera, más alegre, más despreocupada.

Pasan los días, sin sentido como tantos otros, llegan las noches y con ellas sus manos, que acarician con suavidad mis mejillas, tratando de secar alguna lagrima que ha brotado por falta de fuerzas.

Porque en la noche mi guardia baja, permitiendo que se asome, sin querer, un fragmento de algún recuerdo tirado al calor de las llamas. Ante él mi cuerpo se estremece, sollozo en silencio y aprieto mis parpados, para no verlo, porque si esta, puede que se vaya, y a mi me basta saber que está aunque no pueda verlo.

El collar.

Podía escuchar la canción de Tainted Love sonando de fondo, en la vieja estación de policía del distrito BC, el ambiente se relajaba después de las 20 horas, cuando los agentes salían a hacer sus rondas por la ciudad.

La canción sonaba en un estilo de jazz que no tenía nada que ver con el que uso originalmente The Cure al grabarla, este detalle hacía que la canción fuera aún más apropiada para el momento. Larry se encontraba sentado en su cubículo llenando reportes, o al menos fingía que lo hacía, mientras jugaba un nuevo juego desde internet, algo como el viejo Pacman, solo que en esta nueva versión, los fantasmitas eran otros usuarios en la red, y el también podía comerlos a ellos.

Un ruido metálico lo distrajo justo el tiempo suficiente para perder el juego. Lanzó una maldición por lo bajo, él no solía quedarse por la noche, tenía la costumbre de regresar a casa justo a las 17 horas, se decía que el trabajo, especialmente uno como el suyo, podía volver loco a cualquiera. Pero ese día no era ordinario y no había tenido más opción que quedarse.

En los casi veinte meses que llevaba como agente policial nunca había visto algo tan brutal como lo de aquella madrugada. Lo habían citado en el lujoso hotel Fairmount casi a las cuatro de la mañana para analizar la escena, habían encontrado un cadáver en una de sus suites.

No recordaba bien como había llegado, ni porque se sentía tan exhausto, aunque quizá era el no haber dormido suficiente, estaba aún algo aturdido cuando entró a la habitación, casi cae en estado de shock, es cierto, que los entrenan para situaciones así en la academia, pero una cosa es ver a maniquís rodeados de pintura o fotos de escenas de crímenes y otra muy distinta es ver un cuerpo, como aquel.

No era la disposición del cuerpo ni sus heridas lo que lo hacían tan terrible, ni siquiera era la cantidad de sangre en el colchón. Se trataba de una mujer de casi 30, de piel clara y ojos oscuros, su cabello era negro de bote, se notaba en las raíces castañas, llevaba un vestido a rayas. Era la familiaridad de su rostro, lo que lo aturdía, tanto que sin fijarse se apoyo en la mesilla. Y al ver el collar, de cisne, Swarovski de imitación, en su cuello abierto y cubierto de sangre perdió el equilibrio, dejando sus huellas por todas partes.

Como castigo ahora hacía el papeleo, esperaban que su intrusión en la escena del crimen no afectara demasiado. La imagen se colaba a su mente sin previo aviso desde entonces.

Casi a las 22 pensó en ir por un bocadillo a la tienda de cerca, decidió que caminar le vendría bien tras un día tan largo. Al llegar a la tienda fue directo a la zona de papas fritas, tomo unas Barcel Toreadas, se dirigió a la zona de bebidas por un refresco, y, tras pensarlo unos minutos tomo una cerveza ¿por qué no? se dijo a si mismo que podía beberla fuera de la tienda y luego regresar a la estación de policía. Mientras esperaba en la fila la vio entrando, con un vestido a rayas, las raíces de cabello castañas y el collar de cisne. Ella se acerco a la barra, pidió una cajetilla de Lucky Strike y le sonrió.

Un flash de sus manos cubiertas de sangre le vino de pronto a la mente.

Swarovski, collar, cisne

Sin sentidos de una curiosa.

Más veces de las que puedo recordar he pensado en matarme. He coqueteado con la idea de volarme los sesos, si tan solo tuviera un arma quizá ya lo hubiera hecho. En mi mente justo al tirar del gatillo salgo de mi cuerpo para ver el trazado irregular que deja mi sangre en las paredes, me veo cayendo de lado al piso, veo mi mano soltar el arma.
No es que desee la muerte, es mas por curiosidad, por ver que pasa, por abandonar este cuerpo mio que tanto odio. Es la falta de esperanza, el desanimo, este sin sentido que es mi vida, un querer ser todo sin ser nada.
A veces quisiera estar muerta, pero quizá solo estoy aburrida. Aburrida de ir en contra de la inercia, de una vida llena de nada, aburrida de esperar que algo pase y lo único que pasa son los días que se convierten en meses, en años que solo traen mas sin sentidos.

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El reencuentro.

Por favor, déjame a solas con ellos. Se que son demonios pero son mis demonios, los únicos que siempre han estado ahí. Incluso cuando no los veía, se que estaban ocultos en alguna parte, observando mis pasos. Vete en silencio, no quiero que los asustes, quiero acariciarlos, charlar con ellos, recordar viejos tiempos en que corría de ellos, descalza, entre llamas.

Deseo hacer las paces, estrechar sus manos, decirles que si, los he extrañado un poco, que muchas veces sueño con ellos. Incluso recuerdo sus gestos, después de tanto tiempo.

Insisto, por favor, cierra la puerta ya, no la abras. No importa lo que escuches, incluso si te grito que la abras, ignora mis suplicas, mi llanto, mejor aléjate, tanto como puedas, vete de la casa, no regreses hasta el amanecer.

Tengo que estar con ellos a solas, y si no me vuelves a ver, recuerdame como aquella tarde en la feria, sobre la rueda de la fortuna, con la ciudad a nuestros pies, riendo.

los demonios

A punto.

Tu y yo vivimos a punto de encontrarnos siempre y sin encontrarnos nunca.
Nos pasamos de largo por unas cuantas calles, estábamos en el mismo punto hace unas horas.
Así como vivimos a punto de que nuestro amor sea mutuo, me querías pero ahora estas con otra, te quería pero estaba lejos. Nos queremos pero nunca al mismo tiempo.
Tu y yo vivimos en torno al otro, con un hábito hartante de casi ser pero no serlo. Somos dos imanes, aunque del mismo polo, que se atraen y se repelen, sin alguna vez llegar a estar juntos.

Momento y oportunidad. Relato de un asesino.

Empezó como siempre, una idea. Era un mal día, de esos que solía tener, de esos en los que solo ve lo malo, cuando al verse al espejo ve un monstruo. Y el monstruo lo miraba a los ojos riendo, se acercaba a su oreja susurrándole “eres horrible”, para luego esfumarse tras una nube de malos pensamientos.

Podría haber culpado a la sociedad, a las personas que lo maltrataban, a sus genes, incluso a sus padres. Pero él sabía, que había algo podrido en su alma, más allá de su físico deforme.

Salió aquel día de su casa, con sus demonios siguiéndole los pasos. Una soleada mañana de junio, que le daba una tregua a ese invierno eterno que se vivía en su ciudad.

Iba caminando hacía la central de abastos, su lugar de trabajo, cuando vio a una chica, de piel blanca y cabello oscuro, con unos pocos kilos extras. La verdad no pensó en ello demasiado, la idea simplemente aterrizó en su mente, sin reflexionar en ello, lo hizo.

Cuando la golpeo en el callejón hasta dejarla inconsciente pensó en aquella otra chica que se burlo de él al regalarle una rosa, mientras le arrancaba la piel de la cara no pensaba más que en las burlas que le hacían, al ver la sangre en sus manos no sintió culpa.

Se le hizo fácil, lo volvió a hacer. Con varias chicas mas. Una tras otra caían como mariposas tras recibir uno de sus acertados golpes. El problema era transportarlas, tenía que ser rápido, las ponía en la caja de su pick up y las cubría con una lona hasta llegar a su casa.

Siempre les arrancaba la cara, trataba de dañarla lo menos posible, a veces, usaba su piel como mascara, mientras pensaba como sería ser ella.

Cuando la policía lo descubrió y rodeo su casa, se miró al espejo, el monstruo estaba ahí, pero esta vez su susurro era distinto, “mátate”, le decía. Él obedeció. Primero fue un disparo en la nariz, su nariz deforme, el más doloroso es el primero; el segundo fue en la quijada, esa quijada deformada por un gran tumor que nunca pudo operarse; con tercer el disparo se voló los sesos, mientras el monstruo reía y la policía entraba en la casa.

pistola, arma, sangre

Paginas cubiertas de nieve. Parte 5.

Parte 1.

Parte 2. 

Parte 3.

Parte 4.

libro

Trataba de verla siempre que podía, aunque ella era más precavida en cuanto a sus escapes de la unidad habitacional, lograba verla una o dos veces por semana. En cada encuentro le contaba nuevas cosas del mundo fuera de la unidad habitacional donde vivía. Jamás había visto el sol, ni las nubes, ni la luna, no podía más que imaginar como era el mar, o la inmensidad de una montaña. Solía llevarle fotos de todo aquello que no conocía, algunas cosas las reconocía de sus libros, otras le parecían completamente extrañas, por lo que intuí que sus libros eran muy viejos.

Cuando le conté de los autos que flotan por levitación magnética utilizando bólidos de nitrógeno líquido le parecieron extraños, solo conoce aquellos vejestorios usados hace siglos, que tenían ruedas y usaban gasolina de diesel. Como los tienen aislados del mundo no comprende lo que es el intenet, no sabe de los edificios de cuarenta pisos bajo el suelo, y otros ochenta sobre de el.

La idea de sacarla de ahí no se me ocurrió hasta la cuarta vez que la vi, no es que antes pensará dejarla ahí para siempre, sino que simplemente no había pensado en ello. Absorta como estaba en la idea de haber conocido a alguien con una singularidad que creía mítica, extinta quizá, no pensé en que hacer con ella hasta que la idea me pego un trancazo en la cabeza, ¿cómo la iba a sacar de ahí? Porque era obvio que no podía dejarla ahí encerrada tras haberla visto, tenía que ayudarla.

Estuve rumiando la idea por varias semanas, hasta que Dan empezó a sospechar que pasaba algo extraño, no tenía ni idea de cuánto. Hasta ese momento, Steff era mi secreto, solo los que la tenían encerrada y yo sabíamos de su existencia, según creía. Un día, en que me encontré con Steff en el pasillo de siempre, por no medir el tiempo se nos hizo tarde, nunca lo media para ser honesta, era Steff siempre la que me decía que ya debía marcharse. Al llegar a mi departamento encontré a Dan esperando con cara de enojado, podía ver su boca torcida bajo su densa barba.

  • Hola Dan. – Lo saludé, recordando todo lo que podría haberlo hecho enojar, hasta dar con ello, ya eran varias ocasiones que llegaba tarde.
  • – Me dijo secamente mientras endulzaba su café.
  • Estos días ando muerta de cansancio, he tenido demasiado trabajo en el laboratorio, solo quiero dormir ¿A ti cómo te va? – Traté de excusarme con esa frase, intentando evitar discusiones en vano.
  • ¿Mucho trabajo? ¡No te he visto ni siquiera cruzar por mi oficina en toda la semana! Pase antes al área de pruebas, donde tu estas, ¿y sabes que me han dicho tus compañeros? ¡qué has salido justo a tu hora! Tan pronto han dado las cinco de la tarde, has salido de ahí ¡tu siempre te ibas después! ¿y sabes que más? Dicen que desde hace unos meses siempre sales antes ¿cómo no me di cuenta?
  • ¿Darte cuenta de que Dan?
  • No me vengas con eso, es obvio ¡ves a alguien más!

Era cierto, que le podía decir, así era, soy la peor mentirosa del mundo, más con él que me conoce tan bien, pensé en inventarle que tenía que ir a comprar algo, y al pensarlo mi boca se movía.

  • Tenía que pasar al super, no tenemos comida para pequeño Joe – Al menos era cierto que no teníamos comida para el gato.
  • ¿Y dónde está la comida que has comprado?
  • No había de la que come Joe. – Bueno, ya lo dije, una terrible mentirosa.
  • Marya – contesto usando un tono de voz mas calmado y haciendo un ademan por sujetar mi hombro, sin llegar a el – dímelo, hace semanas que te noto rara, te he preguntado y me dices que es cansancio, ahora ya sé que pasa, solo quiero que me lo digas tú.

Ahí, justo ahí, me derrumbe y se lo dije, le conté todo sobre Steff. Confiaba en Dan, no veía porque seguírselo ocultando. Claro, el no creyó ni una palabra. Dijo que me lo había inventado, que no podía ser cierto. Así que le pedí que me acompañara la siguiente vez que viera a Steff.

Habíamos acordado vernos el martes siguiente, en el mismo pasillo, a las 5:15 pm. Vi a Dan en su oficina, de la que salió a regañadientes pues aún tenía trabajo, llegamos al pasillo a esperar que Steff apareciera, pasaban los minutos y ella no aparecía, dieron las 6 de la tarde, sin que hubiera dado la menor señal. Pensé que quizá se había espantado por haber visto a Dan, pero no podía haberlo visto sin siquiera acercarse al pasillo. Dan declaro que mentía, era lógico que no me creyera, ni yo misma lo habría creído de no haber visto a Steff, por lo que Dan paso aquellos días hablándome solo cuando era muy necesario. ¿Yo? Después de lo sucedido solo pensaba en Steff, Dan estaba molesto, lo entendía, pero Steff no se había presentado, nunca había llegado más de diez minutos después de la hora acordada, ¿si la última vez que regreso más tarde de lo habitual le ocasiono problemas? ¿si la habían descubierto vagando por los pasillos? Cada día después de ese fui al pasillo, aun pensando que si la habían descubierto saliéndose a hurtadillas podrían haber reforzado la seguridad, que podrían arrestarme, o hacerme sabrán ellos que.