Cartas al aire. Carta No. 5.

Lo importante no es olvidar, sino que los recuerdos no duelan.

De pronto me he dado cuenta, que no dueles. Tanto tiempo deseando que dejes de doler y de pronto, me encuentro aquí, dándome cuenta que por fin, has dejado de doler.

Pero que no duelas no es la felicidad que imagine entonces. Que no duelas, es la neblina, que me separa del pasado, que me hace no pensar en tus manos, es recordarlo todo, como en una obra, sin sentir que soy yo quien vivió la historia.

Que no duelas es caminar por la vida, como adormecida, sin la esperanza de volverte a ver. Es tu ausencia absoluta, la falta de fe, cada noche en la que no te soñaré, cada pensamiento en el que ya no estas. Ni estaras nunca.

Dibujo

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Nota de un acto premeditado.

Lo siento mi amor, pero a veces quisiera estar muerta. Deberías saberlo, no es por ti. Es solo que incluso estando a tu lado, a ratos, se me hace difícil sonreír. Descuida, que no ha pasado nada malo, pero tampoco nada bueno, salvo ese beso tuyo de cada noche antes de dormir, y cada uno de tus abrazos, y todas las cosas que te involucran a ti.
Comprenderás que no pueda vivir de tu presencia, que no entiendo como se supone que deba seguir, que esta neutralidad esta arruinando mi perspectiva.
Espero que no te enojes si mañana al despertar no estoy mas a tu lado, espero que no te cause mucho inconveniente, he tomado tu auto, cogí las llaves de tu bolsillo, la próxima vez que lo veas es probable que este destrozado.
Es probable que pase un tiempo antes de eso, quizá te preocupe mi desaparición, quizá te alivie, la próxima vez que me veas, será para identificar un cadáver.

Carta con destinatario en blanco.

No estas. O mejor sería decir que no estoy, al fin y al cabo soy yo la que se ha ido. Lejos de ti, muy lejos, como a un océano de distancia, miles de kilómetros y aún más recuerdos. Ni yo hubiese creído todo lo que te extraño. Si, hasta pensé en olvidar tu nombre, como si no fuera ya tan parte del mio. Trate de olvidar tu rostro, pero siempre me veía desde el espejo.

Verás, lo que ocurre es que mi piel esta llena de cicatrices que llevan tu nombre, es que los recuerdos tuyos me hacen llorar, es que no puedo ni imaginarme sentarme a tu mesa sin pelear. Es que rebatías mi andar, mis pasos torcidos, mi pelo revuelto, mis sumas, mis restas y hasta mis muletillas.

Te falto decirme que no era tan mala, aunque nunca era tan buena para ti. Te falto abrazarme más seguido, almorzar conmigo y estar por las noches para ahuyentar a mis monstruos. Monstruos que en tu ausencia crecieron hasta convertirme en esto que soy ahora.

– Romina Colli

Recuerdos viejos guardados en el ático.

Cada día me doy cuenta que soy más como tu, más de lo que me gustaría, más de lo que hubiera pensado. Sí, yo recuerdo como me protegías, que estabas ahí tras cada caída, que estabas conmigo en cada error y en cada acierto. Yo recuerdo cuando eras mi mundo entero, no había nadie más grande, nadie más sabio, nadie mejor.
Cómo la vez que, al llevarme sobre los hombros, intente alcanzar una mariposa y casi caigo, casi, pero caíste tu. Cómo cuando crecí no me dejabas salir sola para que no me hiciera daño, es que conocías mi torpeza mejor que yo, y cuando salí sin permiso acabe con un diente roto.
También recuerdo cada vez que te decepcione, que te contesté algún improperio y cada vez que te falle. Aquella vez que me avergoncé de ti, porque era muy mayor para que fueras por mi al salir del cine. O cuando no te invite a la obra de teatro para la que me ayudaste a encontrar un disfraz.
Recuerdo incluso aquella única vez que te vi llorar, y di la vuelta. Y recuerdo el día que vi tus cosas en una bolsa, fuera de la casa y entendí que te ibas.

– Romina Colli.

Cartas al aire. Carta No. 4

Pensar, en todo lo que yo pienso, es malo. Porque no es básicamente nada, es el mismo instante. Una y otra y otra vez, infinidad de veces. Pero no puedo recordarlo bien. Es tu coche ¿o era el mio?, tu al volante ¿o era yo? Cambiar de lugar, al asiento trasero del coche, beber un par de cervezas y salir de ahí porque había calor. Es The Doors en la radio del coche, la sombra de una palmera, tu cabello largo y quemado, que daba la impresión de ser rubio, pero yo, que lo conocía de raiz a punta sabía que era castaño. Es, no ya no es, era, mi mano en tu espalda, tu fina nariz, era abrazarte y creer que todo estaba bien. Era una ilusión. Tendría que haber estado ciego. Debí haberlo visto, pero no lo ví. Quizá si lo vi, pero no quería verlo, así que lo ignore. Es que siempre estuvo ahí, siempre estuvo, y yo, ¡soy idiota!. No lo ví o elegí no verlo. De haberlo sabido…

– Romina Colli.

Cartas al aire. Carta No. 3

Hoy todo sabe a ti, y ese olvido tan deferente, falto de raciocinio, que se rehusa a hacerse presente cuando más requiero de él. Necesito alcohol para olvidarte. Necesito alcohol para no olvidarte. Es que no lo decido. Necesito dejar de pensar en ti. Pero daría cualquier cosa por recordar aquel momento exacto, en que tomaste mi mano y me plantaste un beso. Lo daría todo por regresar el tiempo. Por estar ahí otra vez. Sería todo tan diferente, lo prometo. Pero no puedo. Y no deseo que vuelvas. De verdad, ya se que ni lo intentarías, ya se que ambos somos demasiado orgullosos para eso. Lo se, lo se, y lo se de sobra. No hace falta repetirlo. Veras, yo tampoco quiero que vuelvas, no es un buen momento. Sabras que nunca necesite de tu voz para arrullarme, ni de tus brazos para protegerme, pero quizá ni imaginas que cada noche soñé contigo y eras todo, todo, lo que yo quería. No creo que haga falta decir lo que te extrañe, pero sí que lo hice. No creo necesitar decirte lo que te quisé, pero vaya ¡cuanto te quisé! Pero jamás me atreví a decirlo en voz alta.

– Romina Colli.

Cartas al aire. Carta No. 2

No te enojes, pero cuando ellos no vienen yo no voy a comer, hay hábitos que no puedo quitarme. Quizás algún día lejano me encuentre comiendo sin compañía, ajena a esa terrible culpabilidad que acompaña cada bocado y que me recuerda que estoy sola. Pero ese día no es hoy y hoy no he comido. Es que no me apetecía. Te diría que no tenía mucha hambre, pero esa es la mentira más gastada que he dicho, tanto que no termino de decirla antes de que me contestes algo parecido a “¿Cómo carajos no tienes hambre? ¡Si son las cuatro de la tarde!”. Es tu respuesta automática. Es que cuando estabas, comer era pasar el tiempo contigo y hablar de las cosas. Es por esta distancia tan grande que nos separa, que te impide venir a comer un bocata conmigo. Es porque para ti ni siquiera es comida, es desayuno.
Más allá de eso, es porque comer para mi era estar sola, y yo detesto estar sola. Y sé, vaya que lo sé, que comer es un acto social, no es solo alimento, es platicar, convivir, pasar tiempo juntos. Pero yo siempre comí sola. Hasta que me harte. Pero esa historia ya te la sabes, lo que quiero decirte y simplemente no logro poner en palabras es que te extraño, que la vida no es igual sin tí, eres mi razón para seguir adelante, mi fuerza y mi vida. Porque si estas no me hace falta nada, y si te vas pierdo el apetito.

Como el aire de un globo.

Y de pronto, se fue. Así como el aire que escapa de un globo, rápidamente, sin avisar. Se fue esa urgencia por tus brazos, se fue la necesidad de verte, se fue el sueño de un para siempre. Se escapo de mi alma el amor. Es que esto de no verte, de escribirte sin tener respuesta, de pasar las tardes esperando a que vengas.
Culpo a los domingos sola, mi cama vacía, al servir la mesa para uno. ¿Qué te extraño de aquí a las estrellas? Pues no, te extrañe de aquí al fin del universo. Te extrañe con tanta fuerza que me quede sin fuerza, grite tu nombre tan fuerte que no podía escuchar más, el eco de tu nombre quedo en mis oídos, pero olvide el tacto de tus manos.
No pidas perdón que no te culpo de nada, lo que pasa es que esta distancia, esta falta de ti, esta ausencia de ganas si no estoy junto a ti. Lo que pasa es lo que viene pasando, que me quedo sin energías de extrañarte tanto. No me culpes de nada, es autodefensa, es que se me escapa la vida sin tu no estas cerca. Pero no me pidas más, que ya no puedo dar nada.

– Romina Colli.

Cartas al aire. Carta No. 1

En cada rincón tu recuerdo, a cada paso tu esencia, tus ojos, mi reflejo, tu abrazo, tus besos. El recuerdo eterno de lo que ya no será.
Pero siempre en mi alma quedará grabada la sensación tuya, tu mano en mi mano, tu perfume, el olor de tu carro, el recuerdo de mi emoción al verte, el agitar de mi pecho al sentir tu mirada.
Quiero olvidarte, pero no quiero, si quisiera de verdad, podría. Pero disfruto ese masoquismo absurdo que me hace evocar tu recuerdo, me deleito en ver las viejas fotos y escuchar las mismas canciones, quisiera regresar el tiempo para convencerte que yo siempre te quise, para persuadirte de no dejarme nunca. Lastima que eso no puede ser, lastima que soy yo por lo que tu hiciste de mi.

Romina Colli.