A punto.

Tu y yo vivimos a punto de encontrarnos siempre y sin encontrarnos nunca.
Nos pasamos de largo por unas cuantas calles, estábamos en el mismo punto hace unas horas.
Así como vivimos a punto de que nuestro amor sea mutuo, me querías pero ahora estas con otra, te quería pero estaba lejos. Nos queremos pero nunca al mismo tiempo.
Tu y yo vivimos en torno al otro, con un hábito hartante de casi ser pero no serlo. Somos dos imanes, aunque del mismo polo, que se atraen y se repelen, sin alguna vez llegar a estar juntos.

Añoranza y recuerdo.

¿Y qué  si no puedo olvidarte? si soñé contigo cada noche hasta llegar a anhelar el sueño y pasar el  día durmiendo para soñar contigo, si evite la realidad para no admitir tu ausencia, que a veces caminando por las calles que alguna vez fueron nuestras sentía una punzada de nostalgia tan fuerte que tenia que morderme la lengua para no gritar como un poseído por el dolor de tu perdida, que se sentía tan fuerte como ser desmembrado lentamente, era tener el pecho abierto y ser despojado de mis órganos internos uno a uno. ¿Y qué si no quiero olvidarte? Si soy masoquista  es porque ese dolor agudo me recuerda que lo nuestro fue real y no delirios, porque saber que te tuve, te jugué y te perdí, aunque duela mas allá del umbral de mi razón, aunque me remuerda la conciencia y me cale los huesos, es mejor que un mundo sin ti, en el que “nosotros” jamas haya existido, porque mi mundo sin ti, aunque tranquilo, hubiera sido solo haber existido, pues estar muerto en vida implica haber estado vivo alguna vez, vivo para sentir tu aroma al soplar el viento, tus finos cabellos rozar mi rostro al tenerte cerca, tus manos frías sujetar mi brazo al caminar por el jardín y la anestesia a todos mis problemas que era tu mirada que me hacía sentir que por verme así merecía la pena atravesar el mundo para encontrarte de nuevo.

 Romina Colli.